La ciclovía de calle Rioja y el debate que Rosario necesita

El debate sobre la eliminación de la ciclovía de calle Rioja volvió a poner en agenda una discusión que Rosario viene postergando desde hace años: cómo se organiza el uso del espacio público y qué modelo de movilidad quiere construir la ciudad.

Desde el Instituto de Estudios de Transporte, dependiente de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario, creemos necesario aportar una mirada técnica a un debate que, por su importancia, no debería quedar reducido a percepciones o respuestas simplificadas a problemas complejos. La movilidad urbana funciona como un sistema y las intervenciones aisladas rara vez resuelven los problemas de fondo; muchas veces incluso los agravan. Discutir una ciclovía no constituye una política de movilidad: es apenas una respuesta puntual frente a un problema mucho más amplio.

Que la movilidad vuelva a discutirse es, en sí mismo, una buena noticia. Las ciudades que evolucionan son aquellas que discuten cómo se usan sus calles. Pero para que ese debate sea útil debe ser integral. No alcanza con discutir una cuadra, una calle o una infraestructura específica: es necesario analizar el sistema completo.

Durante años Rosario avanzó con una visión estratégica expresada en el Plan Integral de Movilidad (PIM). Sin embargo, su implementación quedó incompleta y muchas de sus políticas centrales nunca llegaron a materializarse. Entre ellas, la expansión de carriles exclusivos para el transporte público en el área central, una medida destinada a mejorar la velocidad comercial de los colectivos y aumentar la cantidad de personas que pueden trasladarse utilizando el mismo espacio vial. La consecuencia es visible: hoy la discusión pública se concentra en intervenciones puntuales mientras se posterga el debate sobre el funcionamiento general del sistema de movilidad.

A esto se suma otro elemento clave: la ciudad que discutió su plan de movilidad hace más de quince años no es la misma ciudad de hoy. Cambiaron la organización del trabajo, la expansión metropolitana, los patrones de consumo y la logística urbana. Además, la pandemia aceleró muchos de estos procesos y consolidó otros nuevos, como el crecimiento del comercio electrónico, las plataformas de reparto y el aumento del transporte de mercaderías en distancias cortas. Pensar la movilidad actual con herramientas de hace quince años resulta insuficiente, pero responder a esos cambios eliminando infraestructuras destinadas a modos de transporte sustentables tampoco parece una solución consistente.


El espacio público y el modelo de ciudad

Toda discusión sobre movilidad urbana debería partir de un hecho básico: el espacio de la calle es limitado. No entran todos los vehículos, pero sí podrían trasladarse muchas más personas si ese espacio se organiza de manera eficiente.
Estudios realizados por el Instituto muestran que un automóvil transporta en promedio entre 1,2 y 1,5 personas. Si se considera el espacio que ocupa ese vehículo en la vía pública, el resultado evidencia una notable ineficiencia en el uso del espacio urbano y una desigualdad en la forma en que se distribuye ese recurso común.

Fuente: Producción propia IET, en base a Urban Street and Road Design Guide
Este es uno de los debates centrales de las ciudades contemporáneas: cómo se reparte un espacio público que es escaso y que debe servir a todos. En el fondo, la discusión sobre la ciclovía de calle Rioja no trata solamente sobre una infraestructura puntual, sino sobre qué modelo de ciudad queremos construir.

Las ciclovías, por su parte, no son infraestructuras aisladas: funcionan cuando forman redes que permiten desplazamientos seguros y continuos. Es cierto que muchas presentan problemas —invasiones de vehículos, falta de segregación, anchos insuficientes, deterioro del pavimento o señalización escasa—, pero la respuesta frente a esas deficiencias no debería ser su eliminación, sino justamente lo contrario: más planificación, mantenimiento, controles y políticas de concientización.


Premiar al que incumple: un concepto peligroso

Uno de los aspectos más preocupantes del debate actual tiene que ver con el enfoque conceptual del problema. El diagnóstico que se plantea para justificar la eliminación de la ciclovía parte de un hecho real: vehículos que estacionan o circulan donde no corresponde. Pero frente a ese incumplimiento, la solución propuesta sería eliminar la infraestructura que ordena ese espacio y premiarlos incorporando un carril. En otras palabras, modificar la organización de calle para adaptarla a quienes no respetan las normas.

El razonamiento resulta problemático. En muchos barrios de la ciudad es frecuente observar vehículos estacionados sobre veredas, un espacio destinado a la circulación peatonal. ¿La solución sería entonces habilitar el estacionamiento sobre veredas para todos?

Suena absurdo, pero responde al mismo enfoque. Las políticas urbanas deberían tender a ordenar el espacio público y fortalecer las reglas de convivencia, no a favorecer a quienes las incumplen.


El desafío: volver a pensar la movilidad de Rosario

Las discusiones recientes —la ciclovía de calle Rioja, el metrobús de calle Alberdi, los giros sobre carriles exclusivos, el estacionamiento o las peatonalizaciones— evidencian algo más profundo: Rosario necesita volver a discutir su movilidad de manera integral.

Los planes de movilidad no son simplemente documentos técnicos; son procesos colectivos que reúnen datos, diagnósticos y miradas diversas para pensar cómo queremos movernos como sociedad. El espíritu del Plan Integral de Movilidad sigue vigente y en su momento fue una referencia innovadora para muchas ciudades. Pero su contenido debe ser revisado, actualizado y adaptado a la sociedad actual, sus nuevos patrones de organización, movilidad y consumo, como así también las nuevas herramientas y tecnologías disruptivas como la Inteligencia artificial.

Desde el Instituto de Estudios de Transporte creemos que Rosario tiene las capacidades técnicas, académicas e institucionales para impulsar ese proceso. Por nuestra parte, ponemos a disposición nuestros estudios, diagnósticos y equipos técnicos para contribuir a una discusión informada y abierta.

El desafío no es decidir el destino de una ciclovía. El verdadero desafío es construir una política de movilidad coherente, basada en evidencia y orientada a una ciudad más eficiente, sostenible y justa para todos quienes la habitan.